lunes, 27 de abril de 2020

EL BUHO REAL DEL CORTADO DEL RUECAS


El río Ruecas ha producido durante el paso de los siglos, un cortado, desde el que se domina la carretera que va a Puerto Llano, el propio río, y un molino harinero que estaba situado sobre él.
Por la puerta misma de ese molino pasaba un camino que era Cañada Real y servía también de paso a los huertos que existían sobre el valle, que era un terreno de aluvión creado por el propio río. Había también, allí mismo, una fuente de buen agua que manaba justo al pié de un castaño centenario.
Os voy a contar lo que nos pasó a mi amigo Alfonso Gil Muñoz y a mi mismo, hace ya tiempo...mucho tiempo.
Sería por el año 1.950 cuando Alfonso Gil y yo nos hicimos amigos. Teníamos prácticamente la misma edad, pero el empezó los estudios de bachiller un año antes que yo, de modo que me prestaba sus libros, pues entonces los libros servían de una año para otro, por lo cual los padres ahorraban dinero, y a pesar de ello no había ningún tipo de crisis editorial.
Alfonso vivía en Cáceres y yo en Cañamero, pero todos los veranos venía al pueblo y normalmente se quedaba en la casa del abuelo Martirián.
Ambos crecimos convenientemente, tanto física como intelectualmente y también nos hicimos hábiles cazadores de pájaros, sobre todo él. Usábamos como instrumento de caza el tirador que como casi todo el mundo sabe, es un arma muy sencilla formada por una badana de cuero, un par de tirantes hechos con la goma de la cámara de una bicicleta o mejor de un coche (entonces había muy pocos, si bien su padre tenía uno), y una horquilla metálica o de madera. Nosotros preferíamos las segundas, después de buscarlas con mucho ahínco en los matos de espino, secarlas bien y luego trabajarlas con esmero.
Fueron pasando los días y cayendo las ollas, como diría Cervantes, crecimos y ocurrió que cambiamos de armamento. Ahora empezamos a usar, a escondidas, una escopeta de caza de 12 mms, que su abuelo tenía colgada en un clavo en el doblado de su casa.
Como ocurría que no teníamos la edad precisa para sacar el permiso de armas de fuego y menos aún para la licencia de caza, en poco tiempo nos convertimos en cazadores furtivos. Salíamos, discretamente, a la hora de la siesta, por la trasera de la casa de su abuelo, que daba al Soto, atravesábamos el castañar, que había en las faldas del Castillo, y nos íbamos hasta un vivar de conejos que estaba en la era de la Escarihuela, en una ladera cercana a los cortados del río Ruecas.
Allí hicimos nuestras primeras prácticas de armas, soltamos los primeros tiros y matamos los primeros conejos.
 ¡Que buenos arroces comimos por entonces! La abuela Teresa ponía al fuego de la lumbre, una sartén de rabo largo sobre la trébedes y en ella nos cocinaba una merienda cena excelente, a base de arroz con trozos de conejo, ajo, pimiento verde, una hoja de laurel, mucho cariño y fuego lento. Muy pronto nos aburrimos da cazar conejos, a la espera. Yo le decía a mi amigo Alfonso que más parecía un crimen que una cacería y empezamos a ir a las perdices, al salto. Así vivimos mejor el riesgo y la emoción por la caza.
Mi amigo se convirtió en un tirador excepcional, y no fue mi caso, porque cuando me invitaba a tirar yo le solía responder, riendo, que a mi las perdices no me habían hecho nada. Con ello terminé siendo perro, secretario y cronista de nuestras andanzas cinegéticas.
Y así fueron pasando los años y… Alfonso llegó a tener la edad, supongo que seria a los dieciséis años, en que ya pudo obtener la licencia de armas y el permiso de caza, con lo cual, casi dejamos de ser furtivos. No obstante, seguíamos manteniendo nuestras costumbres y los mismos lugares donde siempre habíamos cazado.
En el verano de 1.957, salimos de su casa a la hora de la siesta. Alfonso con su escopeta italiana al hombro, y una canana repleta de cartuchos que llamaba la atención, por lo nueva.
En el Soto nos encontramos a la señora María, su vecina, que respondió a nuestro saludo y después nos hablo en los siguientes términos:
—Mirad si encontráis al milano, que me esta matando los pollos. Es un bicho muy grande que me esquilma el gallinero.
—Muy difícil lo tenemos, casi como encontrar una aguja en un pajar—Respondió Alfonso.
— ¿Y hacia donde vuela el bicho, Sra. María; hacia el Castillo o hacia el Risco Gordo?—Me atreví a preguntar.
—Yo creo que tiene su nidal en los cortados del Ruecas, porque siempre toma esa dirección, después de robarme sus presas y supongo que allí lo debe tener, sin duda.
—Ya lo vamos a intentar—Dijo mi compañero y amigo.
No llevábamos un plan preconcebido y como aquella buena mujer nos impresionó al contarnos su pequeña tragedia doméstica, nos pusimos en camino, rápidamente, hacia los farallones de los cortado del Ruecas.
Llegados allí nos desplegamos por la zona. Alfonso iba adelantado sobre mí cinco o seis metros, y andábamos con pies de plomo, por sorprender al pajarraco y porque la senda era difícil y peligrosa. A nuestra mano izquierda quedaba un risco de cuarcita, sobre la que la naturaleza había excavado una cornisa que quedaba cubierta por una bóveda, abierta hacia el río. A mano derecha un picacho de roca que coronaba el cortado que caía a plomo, cincuenta o sesenta metros, hasta el camino de los huertos.
De improviso percibimos un silbido suave y una sombra fugaz pasó sobre nuestras cabezas. Alfonso giró el cuerpo y soltó los dos tiros de su escopeta. Se oyó un quejido, casi humano, y mi amigo comenzó a gritar muy excitado: ¡le he dado, he matado al bicho!
Yo había permanecido agazapado hasta ese momento, porque la peligrosidad de la acción del cazador me aconsejó tomar precauciones y me tire en el suelo bocabajo. Y aún así, percibí el silbido de la perdigonada y el olor de la pólvora.
Luego permanecimos expectantes y al cabo de unos segundos, que nos parecieron eternos, sentimos un golpe seco y fuerte. Era evidente que ese ruido no lo podía producir el cuerpo de un milano al chocar contra el suelo. Habíamos dado caza a un pájaro muy grande, que no sabíamos qué era.
Bajamos por la ladera del cortado y llegamos al sitio donde había caído el pájaro. Entre los helechos lo encontramos rápidamente, porque había algunas plumas pequeña que indicaban su presencia, y muy excitados y más que emocionados nos topamos con un ejemplar de búho Real de una envergadura descomunal. Más de dos metros y medio, con las alas extendidas.
Y en ese momento empezó nuestra diatriba. Qué íbamos a hacer con el bicho. El abuelo Martirián nos decía, con mucha frecuencia, que no había que tirar ni al Búho ni al Águila Reales, porque había muy pocos ejemplares y había que protegerlos.
Decidimos pasarnos a la carretera que subía hasta el pueblo, Alfonso caminaba por una de las cunetas y yo por la contraria, llevamos al pájaro, que pesaba más de veinte o treinta kilos, cogido por las alas y ocupábamos todo el ancho de la carretera. En eso estábamos cuando nos adelantó un vecino montado en su caballería. Extrañado y extasiado por la prestancia y grandeza del pájaro, bajo de su caballería para verlo con detalle. Alfonso le contó lo que había pasado y de cómo éramos reacios de llevar al pueblo aquél ejemplar tan fantástico. El buen hombre nos convenció de que, si, debíamos hacerlo para que la gente viese como era, al natural, un Búho Real y que con toda seguridad no volverían a tener otra ocasión similar en su vida. Nos convenció y lo subimos al pueblo.
Desde las primeras casas hasta San Miguel se formó una manifestación de gente y se corrió rápidamente la voz, de que el nieto del tío Martirián había matado un pájaro muy grande.
Creo que fue Luis Sacristán el que se interesó por aquel magnifico ejemplar y nos lo pidió para llevárselo a un taxidermista que había en Guadalupe, con la idea de que se lo disecase. Se lo dimos y nos fuimos a nuestras respectivas casas. Alfonso con la idea de contarle al abuelo lo que nos había ocurrido, de primera mano, con lo cual se evitaría unos daños mayores que ocurrirían si la historia llegaba hasta él contada por boca de otros. Yo iba cabizbajo y entristecido por haber colaborado, de algún modo, a matar al que pudo ser el último búho Real del cortado del Ruecas.
Han pasado muchos años y mi amigo Alfonso se ha ido hasta otros cazaderos. También iré yo, dentro de no mucho tiempo. Sigo pensando lo mismo que te decía cuando me invitabas a tirar a las perdices: “Alfonso a mi las perdices no me han hecho nada…” Pero en base a la amistad que mantenemos estoy dispuesto a prestarme para ser Cronista o Secretario en tus nuevas cacerías.

¡Hasta pronto, amigo mío!

viernes, 24 de enero de 2020

EL ESCARAPUCHE


Un buen día me dí cuenta de que a partir del año 2.008, en el que comencé a escribir mi primer libro, habían ido apareciendo una serie de versos de muy diversa índole que en cierto modo completaban o sazonaban los episodios que narraba en dichos escritos.
Cada canción o poema, sea cual fuere su argumento, suele ir  acompañado por algún comentario del autor referente sobre todo a los distintos sucesos que ocurrían en el momento  de su escritura.

 Ya solo me queda desearle paciencia si lo leyese y buena suerte siempre

El autor

A continuación se adjuntan grabaciones de voz, de algunas composiciones de este libro hechas por el propio autor.


LA NIÑA DE LAS TRENZAS

LA PUERTA ABIERTA
https://drive.google.com/open?id=1hNx2qxYkRsOf7SPNDAvokXrPTDjfVS4q

EL AROMA DE LAS DOS
Pudo llegar hasta mí
el aroma de una rosa
como un soplo baladí
efímero y poca cosa.

Ya la rosa  se ha secado
aplastada entre las  hojas
de un libro siempre cerrado.

¿Y quién puso aquella rosa?
La posó allí una mañana
la mano blanca y hermosa
de mi pobre madre anciana.

Y aún hoy me llega el olor
del aroma de las dos.


EL AIRE SILBA
https://drive.google.com/open?id=1uw_GI0kkzSo3K_bBwiYeWRQi7WkAXyLN


EL LIBRO EN PAPEL O EBOOK
https://www.amazon.co.uk/El-escarapuche-Cantares-y-versos/dp/1549978098/ref=asap_bc?ie=UTF8

domingo, 3 de noviembre de 2019

EL ALFÉREZ. LA MUERTE A ORILLAS DEL LAGO

Es muy posible que los españoles seamos los ciudadanos del mundo, que menos y peor conozcamos la historia de España. Si esto es así, cabe asegurar el total desconocimiento sobre los hechos heroicos de muchos españoles, que durante la larga historia de España entregaron la vida en su defensa. Una leve cita o referencia histórica, en el mejor de los casos, o el  silencio y desconocimiento  absoluto, en el resto.

El Alférez Andrés Sánchez Gamino es uno de tantos. Adjunto a continuación la referencia histórica, que sobre este personaje ha contado D. Juan Gil Montes en sus escritos sobre la historia de Cañamero (Extremadura).

 DATO HISTÓRICO.

En el año de gracia de 1.635, murió cerca del lago Como en Italia, el Alférez de los Tercios españoles, Don Andrés Sánchez Gamino, sobrino de un Bachiller del mismo nombre, nacidos en el pueblo de Cañamero, en Extremadura.

Por lo que a mi respecta, he escrito la segunda parte de mi novela:El Alférez. La muerte a orillas del lago. En ella cuento la vida y andanzas de Andrés en Salamanca, donde se tituló Bachiller.
Después se enroló en los Tercios de Italia, donde tuvo lugar el desarrollo de su carrera militar. Cuando se hallaba en Como, muy cerca del lago de este mismo nombre desempeñando su función, dicha carrera se vio violentamente truncada, pues en el cumplimiento de una misión encontró la muerte.
Gloria para Andrés y para todos los héroes anónimos que como él supieron morir por España.

A continuación se adjunta un fragmento del libro leído por el autor.


FRAGMENTO:



LAMENTO:
https://drive.google.com/open?id=1vNjPDYrBO9ShaPFasBn7zP6bkQQIfT9G

EL LIBRO:
https://www.amazon.es/EL-ALF%C3%89REZ-II-muerte-orillas-lago/dp/1980826900/ref=pd_rhf_ee_p_img_2?_encoding=UTF8&psc=1&refRID=Q8JG2PW41KH152QZPXTQ

viernes, 1 de noviembre de 2019

EL ALFÉREZ. UN EXTREMEÑO EN LOS TERCIOS DE ITALIA.


Extremadura fue la patria chica de Andrés Sánchez Gamino. Es una tierra seca y adusta. Una madre eternamente abandonada por las sucesivas generaciones de extremeños, que una vez paridos y amamantados, la abandonamos sin posible remedio. Buscan en otros lugares de España o del mundo, nuevos horizontes y oportunidades de vida que en su propia tierra muy pocos encuentran.
Andrés fue uno de tantos a los que les tocó hacerlo porque la única diferencia entre unos y otros estuvo y está, en el tiempo en el que les tocó hacerlo.


https://drive.google.com/open?id=1A8pVmWKq-1eWB_wUgjyJnEwcrxATmoe9

El libro en ebook (En Amazón)
https://www.amazon.es/El-Alf%C3%A9rez-extreme%C3%B1o-Tercios-Italia/dp/198083637X/ref=pd_rhf_ee_p_img_1?_encoding=UTF8&psc=1&refRID=ZAA3ZS69JWAZETFP8E0K


martes, 9 de julio de 2019

EL NIÑO. El crimen en la Cuesta de San Simón

 Quereles mu jondos,una toná y un beso.
 A la lús de la lumbre, juntal caló del fuego,
un trago y juertes deseos.
                 ¡Por lo que semos,por lo que jicimos, por lo que jaremos!

Me escribió Modesto, hoy
Asín e´h, l´ije.

 Para leer:
EN PAPEL
NIÑO-crimen-Cuesta-Simón/dp/1549942514/ref=sr_1_1?__mk_es_ES=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&amp


lunes, 15 de abril de 2019

NADERÍAS 2.012/2.013

05. LAS MENTIRAS Y LOS INCUMPLIMIENTOS ELECTORALES.

Del viejo Profesor D. Enrique Tierno Galván tengo un grato recuerdo. En aquellos tiempos en el que muchos nos manteníamos en una abierta oposición a la Dictadura de Franco, él era un guión y casi el único ejemplo a seguir. No obstante no debía ser muy alta la ley de su moneda, cuando sus compañeros de partido le llamaban “La Víbora”. Hoy le saco a colación porque era un político muy populista, que no se privaba de hacer afirmaciones cínicas y descaradas. Por ejemplo decía: “Los programas electorales se hacen para no ser cumplidos”. Mucha o casi toda la razón tenía, porque los partidos políticos así lo hacen. 
“Tanto tirios como troyanos”, siguen al pié de la letra este principio. 

Pero el motivo de este escrito es, entre otras cosas, establecer una clara diferencia entre el incumplimiento de un programa electoral y la mentira. Con motivo de las elecciones Generales del año 2.004, el señor Rodríguez Zapatero no solamente negó con reiteración, la crisis económica que se avecinaba, en la que también España se encontraba inmersa. Por lo contrario dijo que estábamos en la Champion Leage de la economía europea, y, que éramos un país rico. Los hechos posteriores han demostrado sobradamente que estas afirmaciones no eran ciertas. En cuanto al grado de cumplimiento de su programa electoral, he de decir que también lo incumplió todo y que tomó algunas iniciativas legislativas, por ejemplo la ley del aborto, que no llevaba en dicho programa.

En las pasadas elecciones Generales del día 20 de noviembre, el señor Rajoy Brey, en representación de su partido político, afirmó por activa y por pasiva que no subiría los impuestos, sino que los bajaría si fuese posible. También planteó eliminar las subvenciones a La Patronal, Sindicatos y otras organizaciones socio culturales. Pues resultó ser que ganó las elecciones por mayoría absoluta, y de modo inmediato dio una subvención a la SGAE, que sirvió como compensación de la abolición del Canon Digital y mantuvo las de la Patronal y los Sindicatos en un ochenta por ciento. Por cierto que estos en agradecimiento, le  montaron una huelga general para el día 28 de marzo de este mismo año. En cuanto al tema principal, el de los impuestos, ha subido el IRPF y se habla de que pudiera subir también el IVA, cosa que por el momento no ha hecho. Es decir que independientemente de las razones que alegue el actual Gobierno, es un claro ejemplo de incumplimiento de su programa electoral.




44. Los mamones del Reino de Tontolandya 

Hubo una vez un Rey en este reino tan antiguo, al que le surgió un grave problema en su huerto. Tenía en él un olivo que era tan viejo como su propio Reino. Y pasó que en aquel año nacieron en la parte baja del tronco una gran cantidad de mamones. Era normal este suceso, porque cada pocos años ocurría lo mismo. Llamó al jardinero y le ordenó que con presteza desmamonase el olivo porque le chupaban tanta sabia los mamones que impedían su crecimiento. Y el jardinero se dispuso hacerlo sin demora alguna. Comenzó el jardinero arrancando de cuajo los mamones pequeños, pero había tres tan grandes que era necesario hacerlo con el hacha y pensó, no se si bien o mal, consultar con el Monarca antes hacerlo.

 —Mire su majestad que el olivo ya es muy viejo y casi no da fruto ¿No sería más rentable dejar los tallos jóvenes que quizás si lo den? 

Esta pregunta le supuso una gran duda al Rey que antes de tomar una decisión, optó por llamar a su asesor principal que era también viejo, pero experto. El Consejero pensó durante largo tiempo sobre la cuestión y un buen día se fue hasta la presencia de su Majestad, pues creía tener resuelto el dilema. Y le habló como sigue.

 —Mande plantar un olivo nuevo, de la clase que a su Majestad más le guste y después espere con calma a que dé sus frutos. Mientras tanto observe que ocurre con los brotes que han salido en el viejo. También, el comportamiento del olivo padre del que nacieron los mamones. 

Así lo hizo el rey. Y pasados los años vio como el olivo mayor, símbolo y guía de su huerto estaba cada día más viejo y enfermo, y además dejó de dar aceitunas. Los tallos que de él salieron crecían y le chupaban toda la sabia, y sobrepasaron en altura al árbol padre, pero tampoco daban fruto alguno. Por lo contrario el olivo nuevo si daba aceitunas, abundantes y de buena calidad. Ante esta situación mando talar el viejo olivo y los tallos que de él salieron. Arrancar muy bien el tocón y liberar la tierra de sus raíces. Luego mandó hacer una gran pira, donde ardieron juntos los árboles talados y todos los males y vicios del huerto. 

¿Y que pasó después? 

Pues que al cabo de los años se repitió el proceso, porque su huerto está condenado a llenarse de mamones inútiles, cada cierto tiempo.

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